Ser bilingüe desde chico estimula la inteligencia

Publicado el 06/03/2013

lenguas y neurología

Amalia tiene 4 años. Su mamá es francesa y su papá argentino. Desde la panza escuchó a su mamá Celine hablarle en francés, pero Julián, su papá, y sus compañeros de la escuela pública del barrio de Colegiales a la que asiste, hablan todos en castellano. Este verano, de vacaciones en Francia, le dijo una noche a su tío “tu me tapé”, lo que le causó gran sorpresa, porque “taper” en francés es golpear. Pero lo que Amalia había hecho era simplemente sustituir la palabra castellana “tapar” por la francesa “taper”.

El hecho de que los niños pequeños que manejan dos idiomas se confundan una palabra por otra es muy común y no significa que no comprendan el sentido, sino que recién con los años van armando en sus cabezas en forma paralela las diferentes formas de decir, explican los especialistas. “Los niños que crecen bilingües a veces responden una pregunta en un idioma con una palabra en otro, pero ellos mismos son muy rápidos y en seguida preguntan: ‘¿cómo se dice esto en...?’. Hay estudios que demuestran que los niños bilingües tienen conciencia de cuestiones abstractas, como es un idioma, antes que los monolingües. Esto, independientemente de que puedan o no expresar ese concepto con las palabras correctas. Además, también hacen cosas como saber con mucha claridad con quién pueden hablar un idioma, con quién el otro o con quién ambos”, explica Cristina Banfi, autora de Los primeros pasos en lenguas extranjeras (Ed. Novedades Educativas).

El director del Instituto de Neurociencia de la Fundación Favaloro, Facundo Manes, coincide y da sus razones: “Podría decirse que el desarrollo del lenguaje de los niños bilingües tiene un patrón algo diferente al de los monolingües. Quienes adquieren dos lenguas reconocen antes que sus pares monolingües el hecho de que los objetos y sus nombres no son lo mismo. Desarrollan más temprano el manejo de categorías taxonómicas, es decir, saben más rápido que un caballo y un pato son animales. Comprender que el lenguaje es un sistema de referencia simbólica puede implicar ciertas ventajas para el desarrollo metacognitivo, aunque no se traduce necesariamente en un mejor manejo del vocabulario”.

Andrew Graham Yooll, ombudsman de PERFIL, escritor y periodista argentino de familia británica (madre inglesa y padre escocés), escribe y escribió por igual, alternativamente, en castellano y en inglés. Su primer libro en Buenos Aires, en 1971, se tituló Se habla spanglés. “A través de una poesía algo cruzada usé mis dos idiomas, inglés y castellano, en interlíneas o seguido, mezclado.  Se hizo una edición más, en los años 90, y todavía se lo menciona. Quedó”. Ese libro fue una respuesta a la pregunta que lo acompañó en la vida: “¿Cuál es el ‘primer’ idioma de nosotros, hijos de inmigrantes?”.   

“Lo que hay que decidir es en qué idioma se hacen las cuentas y en qué idioma se hace el amor. Eso decide lo realmente nativo. El idioma del amor es el primero siempre. En mi caso el inglés es mi lengua materna, no hay duda, y a ella le debo lo que desarrollé. De chico, el inglés era el idioma de casa, el castellano el de la calle. Ya dije muchas veces que en el pueblo (Ranelagh), de pendejo, un pibe de la escuela Nº 34, me preguntó: ‘Si hay guerra entre Inglaterra y Argentina, ¿vos de qué lado estás?’. Yo le dije que eso nunca sucedería. Eran los años 50, claro, y Galtieri estaba en la primaria y tomaba jugo de naranja… Pero lo cierto es que me siento cómodo en los dos idiomas.  A veces en castellano me faltan palabras, pero vale. También en inglés. Si bien nunca falta un buey corneta entre los lectores que escriben para decir qué mal escribo, mi amigo Héctor Tizón, el jujeño hermoso recientemente fallecido, alguna vez me dijo, ‘Mira, inglés, yo no conozco a nadie más bilingüe que vos’”.

Ventajas. El país que lidera en materia de investigación y desarrollo de la educación bilingüe en el mundo es Canadá. Allí, país bilingüe, la enseñanza de idiomas se convirtió en una cuestión de Estado. También hay avances en Gales, Bélgica, Cataluña, Finlandia. El bilingüismo es un fenómeno que se surgió en el mundo en los 60, pero recién en los últimos veinte años se incrementó significativamente, en el marco de la globalización que avanza.

Muchos países favorecen el aprendizaje temprano de un segundo idioma teniendo en cuenta la necesidad de favorecer el ingreso de sus estudiantes al mundo laboral u ofrecerles la posibilidad de alternar los países donde estudiar. Cada año la movilidad estudiantil es más numerosa. Hay tres millones y medio de personas que se trasladan en el mundo para hacer sus estudios superiores. Y para eso necesitan saber idiomas.

Pero las ventajas no parecen reducirse solamente al orden económico, laboral o de obtener conocimiento. Cada vez más las sociedades tienden a reconocer las diferentes identidades de los pobladores que las integran. En Argentina, por ejemplo, existen actualmente unas 800 instituciones educativas públicas de modalidad bilingüe que ofrecen educación en diferentes lenguas aborígenes a sus estudiantes. Se trata de escuelas que tienen en sus aulas hasta un 80% de la matrícula que habla alguna lengua originaria. Ser bilingüe hoy en día no es solamente hablar inglés o francés, es manejar dos lenguas casi del mismo modo, sea cual fuere esa segunda lengua. Puede ser italiano, hebreo, portugués, chino o guaraní.

“El bilingüismo o el multilingüismo potencian la capacidad intelectual del hablante, en lugar de entorpecerla, como se creyó hasta hace unos cuarenta años. Diversas investigaciones demostraron en forma categórica la falsedad de la antigua creencia de que una segunda lengua entorpecía el desarrollo de la primera. Esa creencia se basaba en prejuicios que se instalaron al observar la adquisición del lenguaje por parte de niños de comunidades minoritarias, cuyas familias hablaban idiomas socialmente menospreciados. La lengua familiar, denostada en la escuela, les dificultaba la adquisición de la lengua estándar, considerada “superior” y, por esa razón, tenían dificultades en el aprendizaje de toda la enseñanza escolar.

Actualmente se considera que esos niños tienen en realidad un patrimonio intelectual adicional: una lengua minoritaria además de la estándar, que van a adquirir en el sistema educativo si su lengua materna es respetada, considerada y tenida en cuenta en la escuela”, destaca en diálogo con PERFIL Ricardo Soca, director del sitio www.elcastellano.org.

La escuela bilingüe. Es necesario hacer una diferencia entre el bilingüismo como consecuencia de circunstancias familiares y cuando se busca a través de un proceso educativo. Aquellos que en la familia hablan solamente en castellano a veces recurren a una escuela bilingüe para aprender un segundo idioma, pero hay mucho desconocimiento acerca de qué significa una escuela bilingüe y las publicidades engañosas de algunas instituciones no ayudan demasiado. “Una escuela bilingüe no es una que tiene muchas horas cátedra de inglés. Ofrecer más horas de inglés está muy bien, pero no las convierte en bilingües. Es importante que los directivos y dueños de escuelas contraten personal idóneo para enseñar a niños pequeños. Profesores graduados, con título docente, lo cual implica saber didáctica de la enseñanza de la lengua extranjera y psicología evolutiva del niño”, advierte Liliana Luna, directora general de la Asociación de ex Alumnos de Lenguas Vivas.

María Luz Paz de Bustamante es directora general del jardín de infantes The Green House. Es maestra bilingüe, un título no demasiado frecuente en la Argentina. Estudió en una experiencia piloto que llevó adelante el St. Catherine’s School. Esa decisión, que tomó cuando tenía apenas 16 años impulsada por su madre, le marcó la vida. Desde 1979 fundó uno de los primeros jardines bilingües de la Ciudad de Buenos Aires, junto a su socia, la publicista Angela Goetz. Hoy juntas no sólo dirigen el jardín, sino un colegio bilingüe primario y otro secundario en el barrio porteño de Palermo. Los chicos ingresan a los dos años y asisten a doble jornada. Por la mañana estudian en inglés y por la tarde en castellano todas las materias. “La técnica que utilizamos con el inglés, a partir de los 2 años, es igual que con la lengua materna. Los chicos primero observan y escuchan, luego entienden y después repiten sonidos, sílabas y palabras hasta llegar a transformar las pequeñas estructuras en oraciones. Es central que el docente no los corrija, sino que los aliente a hablar”, explica Bustamante.

Aprender desde pequeños. La tendencia de la enseñanza de idiomas en el mundo parece conducir a que cuanto más temprano se empiece mucho mejor. “No tiene riesgo para los niños pequeños la educación bilingüe. La investigación en los últimos treinta años, especialmente en Canadá, parece haber demostrado que el bilingüismo es ventajoso para los niños, especialmente porque desarrollan conciencia metalingüística, es decir, la habilidad de manipular la lengua y entenderla como sistema, más tempranamente”, precisa Luna.

"Los niños son genios en adquirir un nuevo lenguaje hasta los siete años, luego existe una sistemática declinación en la habilidad. Va a costar mucho más después de la pubertad. Ya antes del primer año de vida los bebés pueden discriminar diferentes sonidos de cualquier idioma, cosa que los adultos no podemos hacer”, agrega Manes.

Perfil.com